Así vamos… Cambio climático: peligro y confusión, por Juan Castaingts Teillery
diciembre 24, 2009
No hay duda, Copenhague fue un fracaso. El hecho es grave, pues el avance que se tiene en el recalentamiento de la tierra es enorme, y al respecto los estudios científicos no dejan duda. Las consecuencias de no hacer nada o hacer lo insuficiente pueden ser enormes para toda la humanidad.
La conferencia de Copenhague no se inició en diciembre de este año, sino en 1992 con la conferencia sobre la tierra en Río de Janeiro.
Esta conferencia tuvo un antecedente científico muy importante: la creación en 1990 del GIEC (grupo de expertos internacionales sobre la evolución del clima) y la publicación por este grupo de reportes claros y bien fundamentados científicamente sobre el peligro gigantesco que representa el sobrecalentamiento de la tierra.
En Río se reconoció el problema pero se hizo poco. Luego vino Kyoto, en 1997, y ahí los países industrializados se comprometieron a reducir con fuerza sus emisiones de gases. Estados Unidos no firmó el acuerdo y Bush hizo todo lo posible por sabotear a Kyoto.
Los europeos tomaron conciencia del caso, pero fueron más palabras que realidades, y la emisión de gases contaminantes siguió acelerándose. El protocolo de Kyoto entró en vigor en el 2005 con muy pocas repercusiones prácticas.
En Montreal en 2005, China y la India aceptan participar en la reducción de la emisión de gases peligrosos.
En 2007 se publica el cuarto reporte del GIEC confirmando la gravedad del problema y señalando los graves daños que se tendrán si el sobrecalentamiento sobrepasa los dos grados en promedio.
Desde entonces, negociaciones y declaraciones se multiplican con la esperanza de que en Copenhague se pudiese llegar a un acuerdo serio e importante. Hoy vivimos el fracaso de tantos esfuerzos. Hasta aquí los datos que tomamos del periódico Le Monde.
Algunos dicen que Copenhague es el fracaso necesario para encender las conciencias y que en México, el año que viene, se podrían lograr los acuerdos esperados. Nosotros no lo creemos. Hay muchos intereses en juego y el egoísmo nacional (ahora protagonizado por China y EU) es muy importante, lo mismo que la enfermiza carrera hacia las ganancias de muchas empresas multinacionales.
La conciencia ecológica existente es creciente pero insuficiente. Desgraciadamente el hombre a veces reacciona ante el desastre y la tragedia.
Hay que tomar en cuenta cuatro componentes importantes en la toma de decisiones: el riesgo, la incertidumbre, el peligro y la confusión.
El riesgo se da cuando los eventos futuros se pueden probabilizar.
La incertidumbre se presenta cuando no hay forma de calcular ningún tipo de probabilidades de un evento futuro. Hay muchos eventos que son en sí mismos inciertos y que nunca se pueden probabilizar; de hecho, cuando los eventos son vistos hacia el pasado, se pueden calcular probabilidades, pero cuando son observados hacia el futuro ya no son probabilizables, ya que no se puede decir que el futuro es una repetición probabilística del pasado; siempre hay elementos que en el futuro pueden ocurrir y que no estaban previstos en el cálculo de probabilidades del pasado; el futuro es incierto. En todo caso, mientras se considere que los eventos son probabilísticos, entonces se supone que los eventos son manejables.
El peligro es una situación ajena a la persona y se le presenta como una amenaza que viene del exterior: un criminal, un terrorista, una catástrofe natural, etcétera.
Finalmente hay que considerar la confusión, que es una situación en que el actor no alcanza a comprender los hechos sociales, económicos y políticos a los que se enfrenta, se siente perdido, no comprende y no sabe qué hacer.
Lo que pasó en Copenhague muestra que los principales actores viven el problema ecológico en términos de riesgo e incertidumbre, es decir, como todavía manipulable y sujeto a las reglas del poder nacional y de las multinacionales.
Mientras estemos en esta etapa se piensa que los juegos de poder aún son posibles y se hace poco y se cede menos. El timbre de alerta, desgraciadamente, tendrá que venir de catástrofes climáticas que se presenten en los países reticentes (EU y China), y sólo entonces se pasará a la sensación de peligro y confusión para que estos países sean capaces de ceder y así reorganizar al mundo. Vivimos épocas convulsionadas, problemáticas y decisivas.
¡Felices fiestas!
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador UAM-I