Así vamos… El diamante del narcotráfico en México, por Juan Castaingts Teillery
diciembre 10, 2009
El narcotráfico es el hecho social, político y económico más importante del momento actual en México. Para poder atacarlo bien, debemos comprenderlo bien. Al respecto quiero avanzar las reflexiones que he hecho sobre las causas del narcotráfico en México.
A partir de mis reflexiones, en México existe lo que podemos denominar un diamante del narcotráfico. Éste se configura por cuatro elementos clave: 1) El cálculo económico entre las ganancias esperadas, el costo y los riesgos asumidos. 2) La existencia de una sociedad totalmente cerrada en la cual el ascensor social no funciona. 3) El desarrollo de una doble cultura de la corrupción, la de los narcos mismos y la de un Estado en donde la voracidad y la corrupción son norma. 4) La caída del poder de un Estado que cada vez tiene más espacios y procesos sociales fuera de su control.
Primero, la lógica económica del narcotráfico. El narcotráfico es fácil de comprender cuando se le concibe como una empresa que busca ganancias y para ello tiene que cubrir costos de trabajo y operación, y evidentemente correr riesgos. Lo primero que hay que comprender es que los narcotraficantes son empresarios cuyo objetivo fundamental es realizar una actividad que les deje ganancias. Ellos tienen un producto que cubre una demanda en el mercado, tienen costos de producción y de distribución, tienen sistema de organización adecuados a sus productos y mercados, y corren riesgos.
Lo específico de esta actividad económica es que tiene altas ganancias y que, además, no sólo es ilegal sino hasta criminal. Desgraciadamente muchos empresarios normales cometen muchos actos ilegales y hasta semicriminales en el trato con sus trabajadores, y por eso, entre el negocio legal e ilegal, no hay línea de ruptura, sino de continuidad.
El mundo empresarial debería comprender este hecho y el mundo político debería actuar ahí donde esté la finalidad y la fuerza del narcotráfico: las enormes ganancias. Obligar a los bancos a dar información y así, un equipo pequeño y de alto nivel, puede ser mucho más efectivo que miles de soldados y policías. Basar la lucha contra los narcos en la fuerza militar es no comprender el problema de fondo.
Segundo, la sociedad mexicana está completamente cerrada, una parte importante de nuestra juventud no tiene ni posibilidades ni esperanzas. Se habla de siete millones de jóvenes sin trabajo y sin estudios. Estos jóvenes tienen muy pocas posibilidades de encontrar empleo y quedan prácticamente descartados para seguir sus estudios. Son jóvenes que cuentan con todo su tiempo libre, con las energías juveniles y con nada qué hacer; es cierto que en el deporte pueden ocupar algo de su tiempo, pero ello es evidentemente insuficiente.
Carentes de esperanzas y en medio de procesos sociales éticos y morales cada vez más relajados e incoherentes con su propia situación personal y social, no es para nada extraño que una parte de estos jóvenes comiencen con drogas livianas y terminen en diversos grados y niveles de delincuencia.
La pregunta no es ¿por qué una proporción de estos jóvenes se canalizan a la delincuencia?, sino ¿por qué no todos ellos se vuelven delincuentes? De nada sirven redadas en las cuales la policía pudiera detener (si no es que asesinar) a algunos delincuentes, ya que en el momento mismo en que algunos son detenidos o eliminados, otros más ya se encuentran maduros para reemplazarlos. La sociedad es tal que hace que el narcotráfico sea la salida lógica para estos jóvenes.
Tercero, la corrupción en México es un hecho que abarca una buena parte de la sociedad pero que predomina en las altas esferas empresariales y políticas (la corrupción la dan los ricos y la reciben los políticos). No hay Estado de derecho, los escándalos son moneda corriente pero los juicios y las aprensiones no las vemos; la impunidad impera no sólo para los narcos, sino también para las élites con poder económico y/o político.
Hay una cultura de la corrupción muy extendida a la cual hay que agregar la narcocultura que se extiende con rapidez. Los narcos son los nuevos héroes de relatos épicos que se presentan en reportajes, leyendas y canciones. El terrible adagio: “más vale vivir cinco años como un rey que 50 como un buey”, sintetiza esta narcocultura. La cultura de la corrupción y la narcocultura amigas son.
Y cuarto, al final queda un Estado debilitado por el neoliberalismo, la incapacidad de sus integrantes y el mal gobierno que no sólo no tiene la fuerza para actuar, sino que ni siquiera los dirigentes son capaces de concebir una estrategia adecuada.
Profesor investigador de la UAM-I