Así Vamos. Hacia una crisis de civilización, por Juan Castaingts Teillery

diciembre 3, 2009

La próxima reunión sobre el clima, del 7 al 18 del presente en Copenhague, es muy importante para el futuro de la sociedad mundial.

Aún se está a tiempo para salvar al mundo del desastre proveniente del recalentamiento de la Tierra. Si todo se vuelven palabras y buenos deseos (como siempre), las repercusiones sobre los seres humanos que habitamos el planeta pueden ser muy graves.

No hay ninguna duda sobre el recalentamiento de la Tierra y sus repercusiones profundamente negativas sobre el conjunto de seres vivos en el planeta. Desde nuestro punto de vista, lo que realmente se encuentra en juego es nuestra civilización.

El concepto de civilización es borroso y gelatinoso. Una primera acepción es la que opone civilización a barbarie, y de esta manera será civilizado aquel que trate con educación y respeto a sus semejantes, a los otros seres vivos y a la naturaleza.

Otra acepción es aquella que engloba en la palabra civilización a un conjunto de capacidades productivas, de sistemas de consumo, o sea al conjunto de formas en que una sociedad articula y organiza sus procesos sociales, su sistema de organización del trabajo, sus creencias religiosas o profanas, su ideología, la integración de las ideas científicas, sus ideas políticas, la estructura del poder, etcétera.

La forma en que se pueden integrar tecnologías, sistemas productivos, cosmovisiones y sistemas políticos, no es única, sino que puede realizarse en una diversidad más o menos amplia, pero no cualquier forma puede convivir con otra.

Así, por ejemplo, una civilización que hace del automóvil un centro de la tecnología y del modo de vivir, no es compatible con un sistema feudal que cobre alcabalas (impuestos) por el traspaso de muchas fronteras interiores; además, la sociedad del automóvil requiere un sistema de comunicación elaborado y un proceso de producción de gasolina y de distribución de la misma.

En la evolución de la sociedad cada civilización ha estado ligada a una tecnología de producción y uso de la energía. Las sociedades que dispusieron de la energía animal, como el buey, el caballo y el burro, hicieron posible que el ser humano tuviese una disposición energética per cápita (por cabeza) mucho mayor que las civilizaciones amerindias, que no disponían de tales animales. Su producción agrícola, capacidad productiva, posibilidad comercial, fuerza guerrera, etcétera, fue superior y requirió de un tipo de cosmovisión y de organización de los procesos de trabajo diferente.

Lo fundamental es señalar que en cada civilización hay una interdependencia en términos de sistema entre los componentes técnicos, productivos, organizativos y del uso de la fuerza, que estos sistemas son diversos y no únicos, pero que este tipo de combinaciones posible es finito y no cualquier relación se adapta a una determinada capacidad técnica y productiva.

Nuestra civilización se fundamenta en el derroche de energía tanto eléctrica como la que proviene del uso de motores de combustión interna. Todo lo que comemos y usamos tiene un alto contenido de energía. Los productos agrícolas vienen de semillas producidas en ocasiones en lugares lejanos; la tierra se prepara con tractores y se cosecha muchas veces con maquinaria; la tierra se abona con fertilizantes con alto contenido energético; los productos se trasladan, se preparan, se refrigeran. El contenido energético de cada tortilla es enorme. No se diga del uso del automóvil, refrigerador, luz, TV, etcétera.

La tierra y su clima ya nos los acabamos. No sólo necesitamos otras fuentes de energía, sino que requerimos otro tipo de consumo, otra forma de producir, de transportarnos, de divertirnos y de vivir. Los productos que consumimos cuestan mucho más por su empaque, por su publicidad, que el producto mismo. Necesitamos otro consumo, otros productos y otra relación con los bienes. Nos es indispensable otra visión de nosotros mismos.

El sistema económico neoliberal ya es insostenible. Para remediar la crisis estructural que se originó en el sistema financiero, no se ha hecho nada. Los problemas del petróleo, de la crisis alimentaria, etcétera, siguen intactos.

De la crisis coyuntural apenas parece que estamos saliendo, cuando el emirato de Dubai declara un nuevo escándalo financiero. El ansia especulativa, el consumismo absurdo (islas artificiales, palacios absurdos), nos conducen hacia un nuevo peligro. No son hechos aislados; son partes de una civilización que ya no tiene futuro.

Si nosotros no cambiamos, una crisis global nos cambiará.

Castaingts42-juan@yahoo.com.mx

Profesor investigador UAM-I

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