Así Vamos… ¿Hacia un repunte enfermo?, por Juan Castaingts Teillery
noviembre 12, 2009
Casi toda la información indica que el repunte es un hecho en los principales países industrializados, con Estados Unidos a la cabeza; sin embargo, la información también es clara en el sentido de que el repunte tiene fragilidades y, además, elementos que indican síntomas claros de una grave enfermedad. Veamos primero las fragilidades y luego la enfermedad.
Las dos principales fragilidades del repunte son la deuda privada y la deuda pública. La deuda privada se refiere tanto a la de las familias como a la de las empresas. Inglaterra y Estados Unidos son países en los cuales, durante el crecimiento, la deuda pública no creció mucho pero en cambio la deuda de las familias fue explosiva. La razón fue simple, en esos países los salarios se mantuvieron bajos, por lo que su mercado interno perdió dinamismo y, para compensar este hecho, se impulsó de manera desproporcionada el endeudamiento de las familias. Un ejemplo de estas deudas fueron los famosos créditos subprime.
Por otro lado se encuentran los países europeos continentales, en los que la deuda pública creció mucho pero la deuda de las familias lo hizo mucho más mesuradamente.
El problema actual es que la deuda pública de todos estos países tiene un peso muy importante. En Estados Unidos la deuda de las familias es considerablemente más alta que su ingreso anual disponible. Tómese en cuenta, además, que en los dos tipos de países la deuda de las empresas es también considerable.
En síntesis, estas deudas (pública y privada), ¿son pagables o impagables? Todo depende de la fuerza del repunte. Si el repunte es fuerte habrá dinero para pagar una parte de las deudas y para impulsar el consumo; además, habrá un aumento de la riqueza y con ésta la deuda parecerá más pequeña en forma relativa. El ajuste tardará unos años, al final de los cuales las cosas podrán funcionar adecuadamente. Pero si el repunte es lento, todo se complica.
Si el repunte es lento las deudas no se pagarán adecuadamente, los créditos se reducirán, el mercado interno no cobrará fuerza y con ello se cerrará un círculo vicioso, en el cual el repunte lento sería generador él mismo de una atonía persistente. Éste es el grave peligro al que hoy se hace frente; así, las fragilidades actuales son en parte el origen de la enfermedad futura.
Pero el repunte también se puede enfermar por razones estructurales. Una de ellas es el regreso de la especulación. Nuevamente las bolsas están creciendo a un ritmo desenfrenado fuera de toda proporción con la economía real. Una de las causas clave de este hecho es que las tasas de interés son prácticamente nulas, y por eso los que tienen dinero canalizan sus capitales ahí en donde tienen más rendimientos es decir, la especulación.
Las tasas de interés no pueden seguir como están, tienen que subir tarde o temprano. Agréguese la demanda gigantesca de dinero por parte de los gobiernos y el hecho de que el repunte plantea un incremento en la demanda de dinero por parte de las empresas, todo lo cual conduce a que este incremento en la demanda de dinero presione a los mercados para que las tasas de interés suban. Pero si las tasas de interés suben, entonces los gastos gubernamentales para el servicio de la deuda serán explosivos; además, un alza en las tasas de interés presionará hacia la baja al consumo familiar.
De esta manera, si las tasas de interés permanecen muy bajas, la especulación bursátil puede desbordarse nuevamente y conducirnos hacia otra caída, pero si las tasas de interés crecen, entonces la deuda pública puede hacerse insostenible y, además, un crecimiento de las tasas puede inducir a la inversión a la baja. Por eso decimos que el repunte actual puede estar enfermo. Todo indica que el repunte será lento y difícil.
Ante este panorama, el excesivo optimismo y sin bases de nuestro presidente, que ya habla de un claro repunte en México, es un mal diagnóstico y lo peor es que es posible que él se lo crea, con lo cual la política económica aplicada seguirá estando totalmente fuera de lugar. Hay que esperar la información completa sobre el tercer trimestre, pero los indicadores de coyuntura que he consultado, aunque son menos malos que antes, no son impulsores del optimismo.
Hay que agregar la indignación justificada y generalizada ante los absurdos de nuevos impuestos que, además de injustos, van en contra del repunte.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador de la UAM-I