Así vamos… Salarios mínimos. Humillación humana y error económico, por Juan Castaingts Teillery
diciembre 31, 2009
Cada año debemos repetir casi lo mismo. El reciente aumento a los salarios mínimos es un agravio al pueblo mexicano y un profundo error de política económica.
Nuestras razones son las siguientes:
1. Reproducción de la pobreza. El crecimiento de la economía debe basarse no solamente en la creación de una mayor riqueza, sino también en una adecuada distribución de la misma. Una sociedad cuyo crecimiento se basa en la miseria de una buena parte de su población, es una sociedad enferma que no logra un crecimiento autosostenido, pues necesariamente resentirá fuertes inestabilidades en el corto plazo, y estancamiento y crisis en el largo plazo.
Ésta es la experiencia que se tiene desde hace más de un siglo en la economía mundial. Incluso, economías basadas en el modelo de exportación, como Corea, nunca hubieran alcanzado los niveles económicos que hoy tienen si no hubieran mejorado sus niveles internos de salarios.
2. Polarización social y, por ende, violencia. Todo mundo lo dice y lo repite: la violencia criminal es nuestro principal problema social. Es cierto que, según se ha admitido por todos los candidatos a la Presidencia de la República, es en la corrupción policiaca y judicial donde se encuentra el principal centro de criminalidad, pero el segundo foco de violencia proviene de las polarizaciones sociales crecientes, que no sólo generan tensión social, sino que también son caldo de cultivo de violencia criminal. A largo plazo, únicamente con una sociedad más equilibrada e integrada, se podrá garantizar una disminución sustancial de la violencia criminal.
3. El salario es elemento clave para impulsar la productividad. Se nos dice que las empresas necesitan sobrevivir y que no pueden pagar alzas de salarios. Lo fundamental en la vida de una empresa es la productividad de la misma y el factor trabajo es esencial; la calidad y cantidad del trabajo realizado es un elemento vital para la productividad. No habrá buen trabajo si no hay un estímulo adecuado para el mismo y si no hay una retribución justa que además sea estimulante para el trabajador.
Pensar que solamente el capital debe tener estímulos y considerar al trabajo como un resto, sujeto a los únicos estímulos correctos que son los del capital, es una incomprensión de los procesos económicos y una estupidez en términos de la orientación económica de la sociedad.
Es cierto que no se pueden incrementar los salarios por mero voluntarismo, pero mantener una remuneración adecuada al trabajo es vital para la capacidad competitiva de la economía. No se trata de aumentar a lo loco los salarios, sino de implantar un proceso neto para que su nivel sea claramente progresivo.
4. Los salarios bajos distorsionan el proceso productivo. Los bienes de consumo producidos en un país se pueden dividir en dos conjuntos: la canasta de bienes salario y la canasta de bienes ganancias.
Cuando los salarios son muy bajos, las empresas productoras de la canasta de bienes salario no tienen mercado y, en consecuencia, tienden al estancamiento o a la crisis. Dado un nivel de ingreso determinado es claro que si los salarios son bajos, las ganancias tendrán que ser elevadas y, por ende, los bajos salarios constituyen un impulso a empresas productoras de empresas de canasta de bienes ganancias.
Así, los bajos salarios repercuten fuertemente en la estructura industrial del país. Impulsan a las empresas productoras de bienes ganancia y deprimen a las productoras de bienes salario.
Ahora bien, las empresas productoras de bienes salario son las que usan más mano de obra y consumen menos materias primas importadas. Por eso los bajos salarios acentúan aún más el problema del empleo y los desniveles de nuestra balanza comercial. Los bajos salarios no reducen, sino que impulsan los desequilibrios microeconómicos y macroeconómicos de la economía.
5. Los bajos salarios estimulan a la economía informal. Es evidente que si las remuneraciones en la economía formal son reducidas, el trabajador buscará emplearse en la economía informal. Hacienda, los comerciantes y los industriales se quejan de la economía informal, pero hacen lo contrario para que ésta pueda reducirse.
El salario mínimo ya perdió toda su condición de norma de referencia para el cálculo económico y para la configuración de índice de bienestar social; ya no es instrumento de integración social, sino de burla a la misma. El mísero de los salarios mínimos es producto de la ceguera en la visión económica y de la mezquindad y mediocridad del espíritu humano.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador de la UAM-I
No hay duda, Copenhague fue un fracaso. El hecho es grave, pues el avance que se tiene en el recalentamiento de la tierra es enorme, y al respecto los estudios científicos no dejan duda. Las consecuencias de no hacer nada o hacer lo insuficiente pueden ser enormes para toda la humanidad.
La conferencia de Copenhague no se inició en diciembre de este año, sino en 1992 con la conferencia sobre la tierra en Río de Janeiro.
Esta conferencia tuvo un antecedente científico muy importante: la creación en 1990 del GIEC (grupo de expertos internacionales sobre la evolución del clima) y la publicación por este grupo de reportes claros y bien fundamentados científicamente sobre el peligro gigantesco que representa el sobrecalentamiento de la tierra.
En Río se reconoció el problema pero se hizo poco. Luego vino Kyoto, en 1997, y ahí los países industrializados se comprometieron a reducir con fuerza sus emisiones de gases. Estados Unidos no firmó el acuerdo y Bush hizo todo lo posible por sabotear a Kyoto.
Los europeos tomaron conciencia del caso, pero fueron más palabras que realidades, y la emisión de gases contaminantes siguió acelerándose. El protocolo de Kyoto entró en vigor en el 2005 con muy pocas repercusiones prácticas.
En Montreal en 2005, China y la India aceptan participar en la reducción de la emisión de gases peligrosos.
En 2007 se publica el cuarto reporte del GIEC confirmando la gravedad del problema y señalando los graves daños que se tendrán si el sobrecalentamiento sobrepasa los dos grados en promedio.
Desde entonces, negociaciones y declaraciones se multiplican con la esperanza de que en Copenhague se pudiese llegar a un acuerdo serio e importante. Hoy vivimos el fracaso de tantos esfuerzos. Hasta aquí los datos que tomamos del periódico Le Monde.
Algunos dicen que Copenhague es el fracaso necesario para encender las conciencias y que en México, el año que viene, se podrían lograr los acuerdos esperados. Nosotros no lo creemos. Hay muchos intereses en juego y el egoísmo nacional (ahora protagonizado por China y EU) es muy importante, lo mismo que la enfermiza carrera hacia las ganancias de muchas empresas multinacionales.
La conciencia ecológica existente es creciente pero insuficiente. Desgraciadamente el hombre a veces reacciona ante el desastre y la tragedia.
Hay que tomar en cuenta cuatro componentes importantes en la toma de decisiones: el riesgo, la incertidumbre, el peligro y la confusión.
El riesgo se da cuando los eventos futuros se pueden probabilizar.
La incertidumbre se presenta cuando no hay forma de calcular ningún tipo de probabilidades de un evento futuro. Hay muchos eventos que son en sí mismos inciertos y que nunca se pueden probabilizar; de hecho, cuando los eventos son vistos hacia el pasado, se pueden calcular probabilidades, pero cuando son observados hacia el futuro ya no son probabilizables, ya que no se puede decir que el futuro es una repetición probabilística del pasado; siempre hay elementos que en el futuro pueden ocurrir y que no estaban previstos en el cálculo de probabilidades del pasado; el futuro es incierto. En todo caso, mientras se considere que los eventos son probabilísticos, entonces se supone que los eventos son manejables.
El peligro es una situación ajena a la persona y se le presenta como una amenaza que viene del exterior: un criminal, un terrorista, una catástrofe natural, etcétera.
Finalmente hay que considerar la confusión, que es una situación en que el actor no alcanza a comprender los hechos sociales, económicos y políticos a los que se enfrenta, se siente perdido, no comprende y no sabe qué hacer.
Lo que pasó en Copenhague muestra que los principales actores viven el problema ecológico en términos de riesgo e incertidumbre, es decir, como todavía manipulable y sujeto a las reglas del poder nacional y de las multinacionales.
Mientras estemos en esta etapa se piensa que los juegos de poder aún son posibles y se hace poco y se cede menos. El timbre de alerta, desgraciadamente, tendrá que venir de catástrofes climáticas que se presenten en los países reticentes (EU y China), y sólo entonces se pasará a la sensación de peligro y confusión para que estos países sean capaces de ceder y así reorganizar al mundo. Vivimos épocas convulsionadas, problemáticas y decisivas.
¡Felices fiestas!
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador UAM-I
Así vamos… Las tres economías mexicanas, por Juan Castaingts Teillery
diciembre 17, 2009
Dos son los grandes problemas de la política económica mexicana. El primero es el neoliberalismo que ya hemos criticado abundantemente; el segundo es que a México se le considera como una economía de un solo tipo, cuando en ella hay el menos tres grandes espacios económicos y cada uno requiere políticas especiales. Estos espacios son: la economía de exportación, la economía del mercado interno y la economía paralela.
1. El primer espacio socioeconómico: la economía de exportación. En ella se localizan todas las empresas dedicadas a la exportación de mercancías y servicios (el principal servicio de exportación es el turismo), y las industrias maquiladoras. Esta economía tiene algunas características:
a) Es una economía que produce en pesos y que vende en dólares. Por ello las empresas que se encuentran en ella pueden contraer deudas en dólares sin que haya mayor problema en cuanto a los peligros de una devaluación. Estas compañías no necesitan de los créditos de los bancos mexicanos y, por ende, pueden evadir las tasas usurarias que ellos cobran. Ellas se fondean en lo sustancial con los bancos de EU y se benefician de las tasas de interés de ese mercado; las devaluaciones no las afectan, ya que sus ventas en dólares les permiten cubrir sus deudas sin problemas.
b) Se trata de empresas profundamente dinámicas, es decir con alto crecimiento real y potencial. Como producen en pesos y venden en dólares, tienen una doble ventaja: los bajos costos de producción (sobre todo en lo que respecta a la mano de obra) en pesos, y el estar fuera de las incertidumbres cambiarias, ya que venden en dólares. Además, como EU es su principal cliente, y ese país goza en la actualidad de un largo proceso de crecimiento económico, ellas encuentran un mercado amplio y en expansión.
c) Las maquiladoras se aprovechan de los bajos niveles de salarios mexicanos y del bajo costo de muchos servicios. Las empresas turísticas aprovechan nuestras bellezas naturales y el clima cálido que tenemos en invierno. Las devaluaciones las benefician mucho más de lo que las perjudican, ya que con la devaluación se abaratan la mano de obra, los materiales y los servicios, y como ellas venden en dólares (el grueso del turismo es extranjero), sus beneficios aumentan.
2. El segundo espacio socioeconómico es el que corresponde a la economía del mercado interno. En este espacio se localizan todas las industrias cuyo mercado fundamental es venderle a los mexicanos que viven en el interior del país. Las empresas que aquí se localizan tienen características muy diferentes de las anteriores:
a) Producen en pesos y venden en pesos, por lo que dependen, para su funcionamiento, de los bancos mexicanos y del mercado interno. Como dependen de los bancos mexicanos, deben pagar las tasas de interés monopólicas que éstos cobran, y están sujetas a las fuertes restricciones crediticias que actualmente existen. Cuando son los suficientemente grandes y buscan créditos más baratos en EU, en el momento en que hay devaluación, viven crisis financieras que pueden ser letales.
b) Viven las consecuencias de un mercado interno en caída y ahora viven con una relativa estabilización, que se logra a niveles muy bajos. Son industrias con fuertes problemas de flujo de caja (muchas de ellas han desaparecido), y un porcentaje importante de las mismas hacen frente a carteras vencidas.
c) Estas empresas sufren la competencia de las importaciones de bienes externos y, por lo tanto, en términos de dólares, están sometidas a precios fijos. Por eso, y dado que sus sistemas administrativos y tecnológicos suelen ser deficientes, el mecanismo que ellas usan para mantenerse en la competencia es efectuar una presión muy fuerte hacia sus trabajadores para aumentar la intensidad de trabajo y disminuir el salario.
El caso es que la baja de salarios hunde más al mercado interno, con lo cual se entra en un círculo vicioso. Sus problemas provienen de: tasas de interés activas monopólicas, restricciones crediticias, incertidumbre en la tasa de cambio, ineficiencia administrativa y problemas para realizar una fuerte inversión modernizadora.
3) Finalmente, el tercer espacio está constituido por la economía paralela. En ella se encuentra una gama muy variada de actividades que van desde el comercio ambulante, un enorme conjunto de artesanías e industrias pequeñas, los trabajadores mexicanos en el exterior que producen fuertes cantidades de dólares, hasta el narcotráfico. Es un error considerar como ilegal a este espacio, ya que sólo una parte lo es.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador UAM-I
El narcotráfico es el hecho social, político y económico más importante del momento actual en México. Para poder atacarlo bien, debemos comprenderlo bien. Al respecto quiero avanzar las reflexiones que he hecho sobre las causas del narcotráfico en México.
A partir de mis reflexiones, en México existe lo que podemos denominar un diamante del narcotráfico. Éste se configura por cuatro elementos clave: 1) El cálculo económico entre las ganancias esperadas, el costo y los riesgos asumidos. 2) La existencia de una sociedad totalmente cerrada en la cual el ascensor social no funciona. 3) El desarrollo de una doble cultura de la corrupción, la de los narcos mismos y la de un Estado en donde la voracidad y la corrupción son norma. 4) La caída del poder de un Estado que cada vez tiene más espacios y procesos sociales fuera de su control.
Primero, la lógica económica del narcotráfico. El narcotráfico es fácil de comprender cuando se le concibe como una empresa que busca ganancias y para ello tiene que cubrir costos de trabajo y operación, y evidentemente correr riesgos. Lo primero que hay que comprender es que los narcotraficantes son empresarios cuyo objetivo fundamental es realizar una actividad que les deje ganancias. Ellos tienen un producto que cubre una demanda en el mercado, tienen costos de producción y de distribución, tienen sistema de organización adecuados a sus productos y mercados, y corren riesgos.
Lo específico de esta actividad económica es que tiene altas ganancias y que, además, no sólo es ilegal sino hasta criminal. Desgraciadamente muchos empresarios normales cometen muchos actos ilegales y hasta semicriminales en el trato con sus trabajadores, y por eso, entre el negocio legal e ilegal, no hay línea de ruptura, sino de continuidad.
El mundo empresarial debería comprender este hecho y el mundo político debería actuar ahí donde esté la finalidad y la fuerza del narcotráfico: las enormes ganancias. Obligar a los bancos a dar información y así, un equipo pequeño y de alto nivel, puede ser mucho más efectivo que miles de soldados y policías. Basar la lucha contra los narcos en la fuerza militar es no comprender el problema de fondo.
Segundo, la sociedad mexicana está completamente cerrada, una parte importante de nuestra juventud no tiene ni posibilidades ni esperanzas. Se habla de siete millones de jóvenes sin trabajo y sin estudios. Estos jóvenes tienen muy pocas posibilidades de encontrar empleo y quedan prácticamente descartados para seguir sus estudios. Son jóvenes que cuentan con todo su tiempo libre, con las energías juveniles y con nada qué hacer; es cierto que en el deporte pueden ocupar algo de su tiempo, pero ello es evidentemente insuficiente.
Carentes de esperanzas y en medio de procesos sociales éticos y morales cada vez más relajados e incoherentes con su propia situación personal y social, no es para nada extraño que una parte de estos jóvenes comiencen con drogas livianas y terminen en diversos grados y niveles de delincuencia.
La pregunta no es ¿por qué una proporción de estos jóvenes se canalizan a la delincuencia?, sino ¿por qué no todos ellos se vuelven delincuentes? De nada sirven redadas en las cuales la policía pudiera detener (si no es que asesinar) a algunos delincuentes, ya que en el momento mismo en que algunos son detenidos o eliminados, otros más ya se encuentran maduros para reemplazarlos. La sociedad es tal que hace que el narcotráfico sea la salida lógica para estos jóvenes.
Tercero, la corrupción en México es un hecho que abarca una buena parte de la sociedad pero que predomina en las altas esferas empresariales y políticas (la corrupción la dan los ricos y la reciben los políticos). No hay Estado de derecho, los escándalos son moneda corriente pero los juicios y las aprensiones no las vemos; la impunidad impera no sólo para los narcos, sino también para las élites con poder económico y/o político.
Hay una cultura de la corrupción muy extendida a la cual hay que agregar la narcocultura que se extiende con rapidez. Los narcos son los nuevos héroes de relatos épicos que se presentan en reportajes, leyendas y canciones. El terrible adagio: “más vale vivir cinco años como un rey que 50 como un buey”, sintetiza esta narcocultura. La cultura de la corrupción y la narcocultura amigas son.
Y cuarto, al final queda un Estado debilitado por el neoliberalismo, la incapacidad de sus integrantes y el mal gobierno que no sólo no tiene la fuerza para actuar, sino que ni siquiera los dirigentes son capaces de concebir una estrategia adecuada.
Profesor investigador de la UAM-I
La próxima reunión sobre el clima, del 7 al 18 del presente en Copenhague, es muy importante para el futuro de la sociedad mundial.
Aún se está a tiempo para salvar al mundo del desastre proveniente del recalentamiento de la Tierra. Si todo se vuelven palabras y buenos deseos (como siempre), las repercusiones sobre los seres humanos que habitamos el planeta pueden ser muy graves.
No hay ninguna duda sobre el recalentamiento de la Tierra y sus repercusiones profundamente negativas sobre el conjunto de seres vivos en el planeta. Desde nuestro punto de vista, lo que realmente se encuentra en juego es nuestra civilización.
El concepto de civilización es borroso y gelatinoso. Una primera acepción es la que opone civilización a barbarie, y de esta manera será civilizado aquel que trate con educación y respeto a sus semejantes, a los otros seres vivos y a la naturaleza.
Otra acepción es aquella que engloba en la palabra civilización a un conjunto de capacidades productivas, de sistemas de consumo, o sea al conjunto de formas en que una sociedad articula y organiza sus procesos sociales, su sistema de organización del trabajo, sus creencias religiosas o profanas, su ideología, la integración de las ideas científicas, sus ideas políticas, la estructura del poder, etcétera.
La forma en que se pueden integrar tecnologías, sistemas productivos, cosmovisiones y sistemas políticos, no es única, sino que puede realizarse en una diversidad más o menos amplia, pero no cualquier forma puede convivir con otra.
Así, por ejemplo, una civilización que hace del automóvil un centro de la tecnología y del modo de vivir, no es compatible con un sistema feudal que cobre alcabalas (impuestos) por el traspaso de muchas fronteras interiores; además, la sociedad del automóvil requiere un sistema de comunicación elaborado y un proceso de producción de gasolina y de distribución de la misma.
En la evolución de la sociedad cada civilización ha estado ligada a una tecnología de producción y uso de la energía. Las sociedades que dispusieron de la energía animal, como el buey, el caballo y el burro, hicieron posible que el ser humano tuviese una disposición energética per cápita (por cabeza) mucho mayor que las civilizaciones amerindias, que no disponían de tales animales. Su producción agrícola, capacidad productiva, posibilidad comercial, fuerza guerrera, etcétera, fue superior y requirió de un tipo de cosmovisión y de organización de los procesos de trabajo diferente.
Lo fundamental es señalar que en cada civilización hay una interdependencia en términos de sistema entre los componentes técnicos, productivos, organizativos y del uso de la fuerza, que estos sistemas son diversos y no únicos, pero que este tipo de combinaciones posible es finito y no cualquier relación se adapta a una determinada capacidad técnica y productiva.
Nuestra civilización se fundamenta en el derroche de energía tanto eléctrica como la que proviene del uso de motores de combustión interna. Todo lo que comemos y usamos tiene un alto contenido de energía. Los productos agrícolas vienen de semillas producidas en ocasiones en lugares lejanos; la tierra se prepara con tractores y se cosecha muchas veces con maquinaria; la tierra se abona con fertilizantes con alto contenido energético; los productos se trasladan, se preparan, se refrigeran. El contenido energético de cada tortilla es enorme. No se diga del uso del automóvil, refrigerador, luz, TV, etcétera.
La tierra y su clima ya nos los acabamos. No sólo necesitamos otras fuentes de energía, sino que requerimos otro tipo de consumo, otra forma de producir, de transportarnos, de divertirnos y de vivir. Los productos que consumimos cuestan mucho más por su empaque, por su publicidad, que el producto mismo. Necesitamos otro consumo, otros productos y otra relación con los bienes. Nos es indispensable otra visión de nosotros mismos.
El sistema económico neoliberal ya es insostenible. Para remediar la crisis estructural que se originó en el sistema financiero, no se ha hecho nada. Los problemas del petróleo, de la crisis alimentaria, etcétera, siguen intactos.
De la crisis coyuntural apenas parece que estamos saliendo, cuando el emirato de Dubai declara un nuevo escándalo financiero. El ansia especulativa, el consumismo absurdo (islas artificiales, palacios absurdos), nos conducen hacia un nuevo peligro. No son hechos aislados; son partes de una civilización que ya no tiene futuro.
Si nosotros no cambiamos, una crisis global nos cambiará.
Castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador UAM-I
Así Vamos. Economía: seguimos muy mal, por Juan Castaingts Teillery
noviembre 26, 2009
Las nuevas cifras provenientes del INEGI sobre la evolución económica en el tercer trimestre no son nada alentadoras. El repunte ya es un hecho en un buen número de economías mundiales, mientras que nosotros seguimos cayendo.
Es cierto que el descenso se da ahora a un ritmo menor que en el segundo trimestre, pero aún tiene proporciones escalofriantes: estamos bajando 6.2 por ciento a tasa anual, y esto representa una de las situaciones críticas más agudas en todo el planeta.
Durante el segundo trimestre vivimos una catástrofe, ya que la baja a tasa anual fue de 10.1 por ciento.
Es cierto que la influenza A (H1N1) contribuyó negativamente al paralizar las actividades económicas internas y las turísticas, y por eso la agudeza de la crisis fue temporal. También por eso ahora tales causas han disminuido y ya no son locales sino generales.
La crisis mexicana regresa a su verdadera dimensión, es decir la que elimina el efecto de esa emergencia sanitaria y sólo queda la vieja crisis, siendo ésta una de las causas de que la caída en el tercer trimestre es menor.
Otra de las causas es que la economía de EU ha mejorado, y con ello ha arrastrado a la economía mexicana. El problema grave es que no se ven claras las causas internas que tengan base para declarar que el ritmo de caída se haya reducido.
Definitivamente, lo hemos dicho y lo repetimos, uno de los orígenes importantes de nuestra grave situación económica es la pésima dirección económica monetaria y financiera a la que estamos sometidos.
Ya es un clamor que (si bien es cierto que se necesita una reforma fiscal profunda y que el gobierno requiere recabar más impuestos, sobre todo de los sectores adinerados) el aumento actual de impuestos va a tener repercusiones negativas en el repunte y que, por ende, éste será más tardado y más lento.
La asignación del gasto también fue profundamente deficiente y orientada más hacia los caciques locales del PRI que a las necesidades económicas de la nación. Se tranzó un acuerdo partidario. La partidocracia avanzó, mientras la nación siguió retrocediendo.
El repunte vendrá, y es muy probable que esto acontezca entre febrero y marzo del año que viene. Las causas de ello son simples:
Primero. El repunte en las principales economías del mundo, que ya está en marcha y repercutirá positivamente en la economía mexicana.
Segundo. Cuando se está en el suelo, cualquier empujón repercute positivamente en las cifras. Pero el repunte no provendrá de la política económica aplicada en México.
El grave problema es que el crecimiento que habíamos tenido antes de la crisis (antes de 2007) fue un crecimiento desintegrador en el sentido de que favoreció fundamentalmente a las clases altas.
La crisis ha golpeado a todos, pero principalmente a los sectores medios y bajos, y ahora, con la política económica propuesta, todo indica que el nuevo repunte beneficiará nuevamente a los sectores altos. La desigualdad en la distribución del ingreso ya era negativa y malsana, y al presente amenaza con romper los pocos lazos sociales que nos quedan.
La experiencia de la actual crisis mundial nos enseña que la excesiva dependencia hacia EU es peligrosa y que la existencia de un mercado interno sólido es clave para mantener un crecimiento sano y autosostenido, pero con una distribución del ingreso pésima y que empeora, no hay mercado interno.
Además, un empleo basado en salarios muy bajos no contiene efectos que estimulen a nadie.
La productividad es el resultado de tres elementos: trabajo, tecnología y organización, y de éstos, el trabajo es la base central de los otros dos, y así, sin estímulos al trabajo, el aumento en la productividad no puede ser sino mediocre y sin productividad adecuada, con lo cual cualquier economía se hunde.
La enajenación al dinero y al dios mercado hace olvidar que lo clave fue y sigue siendo el trabajo, y que para que éste se realice adecuadamente se requiere un salario correcto y una expectativa de vida futura satisfactoria y creíble; sin esto no se trabajará con ímpetu y la productividad global será mediocre.
Estimaciones recientes de la OCDE indican que para el año 2009 en su conjunto la economía mexicana caerá en un 8 por ciento y otro tanto el consumo privado; que la inversión bruta se reducirá en 11.9 por ciento; que las exportaciones de bienes y servicios disminuirán en 19.2 y las importaciones se contraerán en 23.1. Toda una catástrofe.
No entiendo cómo nuestros gobernantes se atreven a decir que vamos mejor y que el repunte ya comenzó.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador UAM-I
Así Vamos… hay repunte pero los problemas de fondo están casi intactos, por Juan Castaingts Teillery
noviembre 19, 2009
A diario se confirma más el repunte de la economía de los países desarrollados, los índices económicos van cada vez más en ese sentido. El problema es que casi ninguno de los problemas de fondo que dieron origen a la crisis actual se ha resuelto. Ante este problema surge una duda importante: ¿Se estará ya configurando hoy en día la crisis de mañana?
Algunos de los problemas graves de fondo que dieron origen a la crisis financiera mundial fueron los siguientes:
1) Una cosmovisión neoliberal en la cual se supone que los mercados se encuentran siempre en equilibrio y que, por lo tanto, toda intervención del Estado rompe con ese equilibrio y por consecuencia es perturbadora del buen funcionamiento de los mercados.
2) Para favorecer ese equilibrio se favoreció una desregulación casi total de los mercados, dejando que los bancos y empresas financieras fueran los que establecieran sus propias normas para prevenir los riesgos de las operaciones financieras.
3) La evaluación de la calidad de los documentos bursátiles (acciones) y financieros (títulos de deuda de empresas y estados) se dejó a otras empresas (compañías evaluadoras), que se enfrentaron a dificultades casi imposibles de solventar provenientes del hecho de que un documento representaba un conjunto de documentos y que, a la vez, este documento se unía a otros documentos para integrar otro documento de más alto nivel, lo que implicaba que la evaluación tendría que realizarse en profundidades escalonadas que contenían documentos muy variables.
Además, la denominada “innovación financiera”, junto con los denominados mercados de derivados y los edge fonds, produjeron documentos que muchas veces ni los más sofisticados especialistas entendían bien su contenido. Las empresas calificadoras pues calificaron y, naturalmente, se equivocaron mucho. Pero no sólo se equivocaron, ya que usaron todo tipo de trampas que van desde las que les permitían los contratos que, por su naturaleza, siempre son incompletos, hasta el uso mañoso de las leyes y la corrupción y el engaño directos.
4) Formación y multiplicación de papeles de deuda de todo tipo: empresarial, estatal, individual con todo tipo de atributos, desde los muy elevados hasta las denominadas subprimes de dudosa calidad.
5) Un sistema mundializado en el que las leyes laxas de un país permitían darle la vuelta a las leyes de otro país, y en las que los paraísos fiscales propiciaron todo tipo de trampas.
En fin, un sistema que propició el desenfreno e impulsó la avaricia en procesos de especulación desmedida que tarde o temprano tenía que terminar en la crisis que aún hoy vivimos.
Todo lo anterior ha sido reconocido incluso por las autoridades, y hasta en el G-20 se han detallado con otras palabras todos estos procesos. Gobiernos (no el de México) han señalado las necesidades de cambios profundos y autoridades monetarias, como las de EU, también lo han hecho; sin embargo, salvo en el gobierno de Obama, que se han hecho algunas cosas, en el resto del mundo todo ha quedado en buenas intenciones y se han atacado muy poco los problemas de fondo.
De la crisis se está saliendo porque los gobiernos y los bancos centrales de muchos países del mundo (México no) han gastado fortunas inimaginables. Muchos millones de millones de dólares se dieron (a veces regalaron) al sector financiero y a las empresas para solventar los problemas urgentes de la crisis. De esta manera se está resolviendo la parte eruptiva, explosiva, los síntomas ardientes, pero no el origen fundamental de la enfermedad.
Si la enfermedad sigue presente, quiere decir que algún día volverá a hacerse presente y que la solución de hoy sólo es la incubación de la enfermedad de mañana. Si no se resuelven los problemas de fondo la crisis regresará, no sabemos cuándo ni cómo, pero podemos estar seguros de que se hará presente de nuevo. Ojalá y me equivoque.
En México estamos peor que antes, pues no sólo no hemos hecho nada para vigilar y regular nuestro sistema financiero, sino que el gasto público se ha despilfarrado y se ha orientado mal, y hoy, contra toda la opinión mundial de expertos, se aumentaron los impuestos; además, el gobernador del Banxico por ejemplo, ha señalado: “En la medida en que simplifiquemos estas reglas, desregulemos y le demos a los mexicanos más capacidad de decidir y de actuar” (EL FINANCIERO, 20/Oct/09). O sea, que pide más desregulación. Asimismo, hasta el señor presidente está conforme con la situación actual, al vanagloriarse de que ya salimos de la crisis. ¡Qué tristeza, qué tragedia!
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor Investigador UAM-I
Así Vamos… ¿Hacia un repunte enfermo?, por Juan Castaingts Teillery
noviembre 12, 2009
Casi toda la información indica que el repunte es un hecho en los principales países industrializados, con Estados Unidos a la cabeza; sin embargo, la información también es clara en el sentido de que el repunte tiene fragilidades y, además, elementos que indican síntomas claros de una grave enfermedad. Veamos primero las fragilidades y luego la enfermedad.
Las dos principales fragilidades del repunte son la deuda privada y la deuda pública. La deuda privada se refiere tanto a la de las familias como a la de las empresas. Inglaterra y Estados Unidos son países en los cuales, durante el crecimiento, la deuda pública no creció mucho pero en cambio la deuda de las familias fue explosiva. La razón fue simple, en esos países los salarios se mantuvieron bajos, por lo que su mercado interno perdió dinamismo y, para compensar este hecho, se impulsó de manera desproporcionada el endeudamiento de las familias. Un ejemplo de estas deudas fueron los famosos créditos subprime.
Por otro lado se encuentran los países europeos continentales, en los que la deuda pública creció mucho pero la deuda de las familias lo hizo mucho más mesuradamente.
El problema actual es que la deuda pública de todos estos países tiene un peso muy importante. En Estados Unidos la deuda de las familias es considerablemente más alta que su ingreso anual disponible. Tómese en cuenta, además, que en los dos tipos de países la deuda de las empresas es también considerable.
En síntesis, estas deudas (pública y privada), ¿son pagables o impagables? Todo depende de la fuerza del repunte. Si el repunte es fuerte habrá dinero para pagar una parte de las deudas y para impulsar el consumo; además, habrá un aumento de la riqueza y con ésta la deuda parecerá más pequeña en forma relativa. El ajuste tardará unos años, al final de los cuales las cosas podrán funcionar adecuadamente. Pero si el repunte es lento, todo se complica.
Si el repunte es lento las deudas no se pagarán adecuadamente, los créditos se reducirán, el mercado interno no cobrará fuerza y con ello se cerrará un círculo vicioso, en el cual el repunte lento sería generador él mismo de una atonía persistente. Éste es el grave peligro al que hoy se hace frente; así, las fragilidades actuales son en parte el origen de la enfermedad futura.
Pero el repunte también se puede enfermar por razones estructurales. Una de ellas es el regreso de la especulación. Nuevamente las bolsas están creciendo a un ritmo desenfrenado fuera de toda proporción con la economía real. Una de las causas clave de este hecho es que las tasas de interés son prácticamente nulas, y por eso los que tienen dinero canalizan sus capitales ahí en donde tienen más rendimientos es decir, la especulación.
Las tasas de interés no pueden seguir como están, tienen que subir tarde o temprano. Agréguese la demanda gigantesca de dinero por parte de los gobiernos y el hecho de que el repunte plantea un incremento en la demanda de dinero por parte de las empresas, todo lo cual conduce a que este incremento en la demanda de dinero presione a los mercados para que las tasas de interés suban. Pero si las tasas de interés suben, entonces los gastos gubernamentales para el servicio de la deuda serán explosivos; además, un alza en las tasas de interés presionará hacia la baja al consumo familiar.
De esta manera, si las tasas de interés permanecen muy bajas, la especulación bursátil puede desbordarse nuevamente y conducirnos hacia otra caída, pero si las tasas de interés crecen, entonces la deuda pública puede hacerse insostenible y, además, un crecimiento de las tasas puede inducir a la inversión a la baja. Por eso decimos que el repunte actual puede estar enfermo. Todo indica que el repunte será lento y difícil.
Ante este panorama, el excesivo optimismo y sin bases de nuestro presidente, que ya habla de un claro repunte en México, es un mal diagnóstico y lo peor es que es posible que él se lo crea, con lo cual la política económica aplicada seguirá estando totalmente fuera de lugar. Hay que esperar la información completa sobre el tercer trimestre, pero los indicadores de coyuntura que he consultado, aunque son menos malos que antes, no son impulsores del optimismo.
Hay que agregar la indignación justificada y generalizada ante los absurdos de nuevos impuestos que, además de injustos, van en contra del repunte.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador de la UAM-I
Así vamos. Turbulencias sobre el dólar amenazan repunte, por Juan Castaingts Teillery
octubre 29, 2009
El dólar cae nuevamente en los mercados internacionales, y con relación al euro ya se sitúa en alrededor de 1.5 dólares por euro. Hace más de un año había llegado casi a 1.6 dólares por euro, luego mejoró significativamente y desde marzo pasado comenzó de nuevo su declive. Con respecto al euro, el dólar ha perdido aproximadamente 18 por ciento desde marzo.
El dólar tiene al menos cuatro características importantes:
- Es la unidad de referencia por excelencia. Es decir que es la unidad de cuenta en que se contabiliza la parte más importante del comercio internacional.
- Es el medio fundamental del sistema internacional. Casi todos los ahorradores importantes del mundo ahorran en dólares o evalúan sus ahorros y riquezas monetarias en dólares.
- Es la moneda de refugio más importante. Cuando hay temor o incertidumbre se acude al dólar para protegerse.
- Es, con mucho, la moneda en que se realizan los pagos internacionales y se tienen las reservas cambiarias.
Por eso los problemas del dólar afectan gravemente a todo el mundo. El problema clave es que un sistema que es por naturaleza internacional, se encuentra basado en una moneda que es nacional.
Así, todos los países del mundo se encuentran profundamente afectados por las decisiones monetarias y los problemas de una sola nación: EU.
Mientras no se tenga una moneda gestionada internacionalmente, el mundo dependerá de las decisiones arbitrarias de Estados Unidos.
La caída del dólar refleja, en cierta manera, un regreso a la confianza, ya que la incertidumbre había conducido a que grandes ahorradores se refugiaran en el dólar, haciendo que esta moneda recobrara valor. Hoy, al restablecerse la confianza, se buscan otras monedas, se abandona el dólar y éste tiende a caer.
Hay otros dos elementos claves de la caída:
1) China se ha vuelto más desconfiada en cuanto al futuro del dólar y ahora tiende a diversificar sus enormes excedentes comerciales guardándolos en otras monedas, y de esta forma diversificar el riesgo.
2) Las tasas de interés en EU son bajísimas y el riesgo de devaluación del dólar es creciente y, por ende, la relación beneficio riesgo se ha vuelto contra el dólar.
Europa y Japón tienden a la baja en cuanto a su importancia relativa en el mundo; China es la gran ganadora de esta crisis, y EU, a pesar de sus importantes pérdidas, sigue siendo la economía eje del mundo. Por eso la relación monetaria fundamental de referencia es la relación dólar yuan y ésta es el centro dominante.
El caso es que esta relación es a tasa fija por decisión de las autoridades monetarias chinas. Los chinos han resuelto pegar el yuan a dólar y por eso la relación del yuan con respecto a las otras monedas depende de la valorización que tenga en dólar.
La caída del dólar en el sistema monetario conduce casi automáticamente a la caída del yuan. Así, la devaluación del dólar impulsa la contracción de las importaciones de EU y el aumento de sus exportaciones, y al mismo tiempo China hace lo mismo.
China y EU ganan con la devaluación del dólar, pero el resto del mundo pierde. Europa puede ser en especial, la más afectada. Así, los desequilibrios mundiales, de EU, no son evidentes en el mediano plazo:
Primero. Porque un dólar débil, con bajísimas tasas de interés, constituye un estímulo a la salida de capitales, y con ello se estimula una mayor caída del dólar. Tómese en cuenta que una relativa devaluación del dólar es favorable a EU, pero un dólar débil e inestable le puede ser profundamente perjudicial.
Segundo. Porque la caída del dólar amenaza la existencia del dólar como moneda clave internacional, hecho del cual EU ha sacado ventajas gigantescas.
Tercero. Porque si el repunte no es generalizado, entonces el repunte será más lento y se verá amenazado.
Otro aspecto a tomar en cuenta es que la caída del dólar puede implicar problemas para financiar el doble déficit de EU, en virtud de que se pueden ver disminuidos los grandes flujos de capital que actualmente recibe.
Ello obligaría a aumentar las tasas de interés, y este aumento podría tener impactos importantes en el costo de la deuda pública, en el monto del consumo interno y en la inversión, lo que podría conducir a una nueva caída económica.
En México deberíamos aprovechar las ventajas de la devaluación del peso-dólar frente a Europa y otras partes del mundo, pero tenemos autoridades totalmente incapaces.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador UAM-X
Los dos más grandes países de América Latina son Brasil y México. Desde hace más de diez años, los contrastes en el crecimiento logrado en estos dos países son enormes. La política económica que en Brasil ha sido un éxito, con nosotros ha sido un fracaso. Tratemos de ver un poco qué es lo que ha sucedido y por qué.
La semana pasada tuve la oportunidad de ser invitado a la Universidad Federal de Rio de Janeiro, a un seminario internacional sobre crecimiento y distribución del ingreso. Ahí pude escuchar y platicar con destacados economistas brasileños, en especial con dos de ellos: João Sabóia, director de Investigaciones Económicas de esa universidad, y Aléxis Saludjian, joven profesor francés que trabaja en ese lugar y que conoce bien Brasil.
A los dos los interrogué sobre el porqué Brasil había tenido una caída pequeña y una recuperación rápida.
1) Brasil, hasta 2008, estaba creciendo a una tasa anual de 6 por ciento.
2) El periodo de crisis fue muy pequeño ya que, de trimestre a trimestre, la crisis comienza en el cuarto trimestre de 2008, en que cae 3.3 por ciento, y luego en el primer trimestre de este año la caída se reduce a 1.0 por ciento; ya para el segundo trimestre de este año se da el repunte con un crecimiento de 1.9 por ciento. En síntesis, la crisis es corta (dos trimestres) y de baja intensidad. Todo lo contrario a lo que estamos viviendo en México.
3) El gobierno aplicó un fuerte programa de ayuda a los más pobres, una especie de “oportunidades”, que tuvo como consecuencia una reducción de los niveles de pobreza.
4) Un aspecto esencial del programa gubernamental fue el incremento de los salarios mínimos, los cuales aumentaron en alrededor de 15 por ciento.
5) El Banco Nacional de Desarrollo, entidad que permanece en manos del gobierno, realizó inyecciones de fuertes cantidades de dinero en créditos a diversas empresas, y un aspecto clave a señalar es que la tasa de interés a que se dieron esos créditos fue sensiblemente inferior a la de mercado que otorga la banca privada. Es cierto que con el presidente Cardoso se había aplicado un programa de privatización pero con éste el Estado guardó una importante capacidad de intervención que ahora Lula utilizó en su programa anticrisis.
6) Además, se tiene el Banco do Brasil y la Caja Económica Federal, que son entidades en las cuales el gobierno tiene fuerte participación y que inyectaron muchos créditos a tasas preferenciales.
7) Por parte directa del gobierno hubo incentivos fiscales y materiales. Por ejemplo, hubo ayudas para compra de autos nuevos y para construcción.
8) Un hecho clave es que el sistema bancario brasileño estaba poco endeudado, ya que la denominada “bancarización” no fue muy extendida. Este hecho es semejante a lo ocurrido en México, sólo que aquí se otorgaron pocos créditos y a tasas muy elevadas.
9) Las exportaciones no sólo no cayeron, sino que aumentaron. Su comercio exterior está diversificado entre EU, Europa, Asia y el Mercosur. Por otra parte, las exportaciones a China han sido masivas, sobre todo en lo que respecta a la soya que, además, tiene hoy un precio muy elevado. Este aspecto ha sido fundamental.
10) El efecto del incremento en las reservas y en la producción del petróleo, ha sido también importante.
11) Brasil acumuló una gigantesca reserva de divisas internacional de 200 mil millones de dólares y una parte la usó para impulsar el repunte.
Aunque las exportaciones han sido clave, la política de crecimiento se ha fincado en el mercado interno: ayudas a los pobres, incremento del salario mínimo, aumento del empleo, impulso a las empresas por medio de crédito barato y abundante.
Es cierto que el real (la moneda de Brasil) se encuentra sobrevaluado y esto es uno de los puntos débiles de su política, ya que todo el sistema descansa en un superávit comercial importante y la sobrevaluación del real mina su capacidad exportadora. Pero por ahora las exportaciones de soya, sobre todo a China, y el petróleo, le dan amplio margen de acción.
Nosotros hemos hecho lo contrario. Tuvimos excedentes internacionales muy elevados dados por el petróleo (épocas de Cedillo y Fox), pero éstos se desperdiciaron, y no sólo no se incrementaron los salarios y el mercado interno, sino que los salarios se mantuvieron bajos y las exportaciones altas y crecientes, razón por la cual el crecimiento fue mediocre y el empleo reducido. No hubo ni créditos abundantes ni tasas de interés preferenciales ni uso estratégico de las reservas internacionales.
Dos políticas económicas diferentes con dos resultados opuestos.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor investigador de la UAM-I